Cueva de Bellamar: un paraíso subterráneo (II)

Galería y salones


Una vez que el visitante  desciende los 159 peldaños de la escalera se encuentra ante el impresionante manto de Colón, una estalactita con 32 siglos de vida. Esta es la formación más antigua y grande de la caverna. Se presenta en forma de cascada y tiene una altura aproximada de 12 metros.
El Salón Gótico es de los primeros en ser visitados por los excursionistas. Se trata de una cámara de forma cuadricular que mide unos 80 metros de largo por unos 25 metros de ancho. Algunas de las formaciones presentes en este salón han recibido nombre. Tal es le caso de El Huerto de las Zanahorias, La Capilla de los Doce Apóstoles, Doña Mamerta y tal vez el más famoso sea el Manto de Colón.
La Cueva de Bellamar se extiende hacia el este y el oeste logrando una longitud que sobrepasa los tres kilómetros de largo. Según las investigaciones de los espeleólogos se sabe que es mucho más grande, con cámaras aun totalmente inundadas.


La Galería de los Dos Lagos, el Salón de las Esponjas y  la Galería de los Enanos también  se incluyen entre los atractivos de la caverna matancera. En la otra dirección se encuentran el pasadizo de Hatuey, Salón de las Damas, Lago de las Dalias y el Baño de la Americana. Este último encierra una singular leyenda sobre una veraneante estadounidense, que muchos años atrás, se perdió en ese sitio, cuando decidió refrescar su cuerpo en las cristalinas y frías aguas. Sin embargo, el hecho no ha sido confirmado y desde entonces miles de personas han seguido bañándose.

Siguen asombrando

El primer estudio científico sobre la caverna se registra en los años 40 del siglo XX por miembros de la sociedad Espeleológica de Cuba dirigidos por Antonio Núñez Jiménez. Desde entonces, las indagaciones no se han detenido en la caverna. Por ejemplo, desde el año 1989, el grupo espeleológico Félix Rodríguez Fuente, realiza investigaciones sistemáticas en el área de Bellamar. Gracias a su labor, plagada de constancia y osadía se han descubierto 5 nuevos niveles y 10 km de cueva.
Y de hecho las investigaciones no han cesado en la Cueva de Bellamar. Los investigadores descubrieron, recientemente, una estrecha cavidad que da paso a una prolongación subterránea de unos nueve kilómetros de longitud. Las galerías encontradas resultan de una belleza incomparable.  El hallazgo demuestra la conexión de esta caverna con una espelunca vecina, El Gato Jíbaro. De esta manera quedó conformado el Sistema Cavernario Bellamar-Gato Jíbaro, con más de 14 kilómetros de extensión.
Se trata de formaciones cilíndricas pendientes de estalactitas, suspendidas en el aire y  en cuyos extremos cuelgan un conglomerado de cristales macizos de calcita. Los especialistas consideran el descubrimiento como algo exclusivo debido a su dimensión y rareza.  El hallazgo resulta incomparable con ningún otro de su tipo pues no se conoce en el mundo de semejantes cristalería de carbonato de calcio.
Muchos salones de la caverna quedan únicamente reservados para las labores científicas pues su acceso se torna en extremo difícil y requiere el uso de equipos especializados en la actividad. Sin embargo, otras galerías están a disposición de los visitantes y el Salón de Las Esponjas, ubicado 25 metros bajo el Salón Gótico fue reabierto desde hace más de un año.  Esta ruta, que permanecía cerrada desde finales de la década del 50, aporta nuevos incentivos para recorrer La Cueva de Bellamar.
La labor de los espeleólogos matanceros también ha aportado descubrimientos paleontológicos de significativo interés científico como son  restos de vertebrados terrestres y aves cuya antigüedad la estiman en millones años.
El descenso de personas a las profundidades de la caverna durante más de 130 años ha provocado severos daños en las formaciones cársicas. Por eso, los espeleólogos matanceros han desarrollado acciones de limpieza y restauración que incluye a todas las áreas de la cavidad con el fin de conservar los valores de este paraíso natural.
Mezcla de historia, leyendas, belleza e indiscutibles valores,  La Cueva de Bellamar permanece incólume cual fiel testigo de los siglos. Un paraíso subterráneo que resalta por la autenticidad de sus formaciones cristalinas que retan la imaginación y  la propia naturaleza.

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