Machismo: ¿Problema del pasado?

 

machistaCorren nuevos tiempos y los jóvenes se debaten entre lo moderno y lo antiguo. El machismo, por ejemplo, aunque pudiera parecer un rezago del pasado, se manifiesta en la actualidad y la juventud no escapa de sus influencias. Les propongo entonces indagar sobre este fenómeno y conocer como se manifiesta hoy en nuestra sociedad.

Tradicionalmente, el machismo ha estado asociado a la diferenciación de tareas entre hombres y mujeres, y a la subordinación de estas a los requerimientos varoniles. De ahí que supone una actitud de desprecio y discriminación  hacia la mujer.

Aunque su existencia se remonta a la antigüedad, hoy en día subsisten algunas expresiones asociadas a este fenómeno. Por eso cabría preguntarse si realmente el machismo es sólo un problema del pasado o tiene un espacio real en las relaciones entre féminas y varones.

Y es que esta postura genera posiciones encontradas, donde las mujeres siempre llevan la peor parte.  ¿Cuántas veces  no hemos sido testigos  de comentarios, expresiones o actitudes machistas? Yo diría que casi a diario y no sólo entre los adultos sino también involucra a los jóvenes.

El machismo es ante todo, una construcción cultural. En la concreta, las investigaciones demuestran  que la mujer puede desempeñar el mismo papel que el hombre e, incluso, hasta mejor. No se trata de pretender ser iguales sino de establecer la equidad entre ambos sexos, de manera que prime el respeto a los derechos, sin importar el género.

En parte, las féminas tienen algo de responsabilidad en que subsistan algunas de estas manifestaciones  desde que llaman ‘cazuelero’ a quien se entromete en los asuntos domésticos o exigen a los amigos que se comporten como hombrecitos. Nada, que es el cuento de nunca acabar si no le ponemos freno desde la propia casa.

Claro, el fenómeno pervive por una complacencia social. Y lo peor, se repite cada día desde la educación y la cultura como si le viniera por ADN a los varones. Es por ello que se hace necesario un papel más activo de la familia y la escuela para revertir estos patrones inaceptables en pleno siglo XXI.

El machismo genera violencia e inequidad por lo que debería estar desterrado de las prácticas cotidianas. Más se arraiga en el actuar de muchos, siempre con implicaciones negativas. Es necesario entonces borrarlo de nuestras mentes y apelar a una mayor equidad en las relaciones entre muchachas y varones a partir de la comprensión y la voluntad de todos.

 

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