¡¡¡Adiós Carilda!!!

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Nos hemos quedado sin Carilda Oliver Labra: se nos ha perdido una mujer. Pero ella sus noventa y seis años los vivió —léase bien: los VIVIÓ— con intensa o casi tempestuosa autenticidad.

Dueña de sí y de su entorno, se habrá situado a menudo, voluntariamente, entre la vida y la imagen; pero su existencia fue, sobre todo, un hecho de plenitud vital, calificativo que aquí parecerá pleonástico, aunque no se puede aplicar por igual a todas las vidas.

Si no se piensa mucho en los que seguramente habrán sido sus sufrimientos, sus desgracias, será por lo mucho que se afanó en no darle tristezas al mundo, sino alegrías. Nada —léase bien: NADA— consiguió menguar su patriotismo. Ahora que tendrá —como quería que le ocurriese al final del camino— toda la tierra de su patria sobre lo que de ella queda materialmente hablando, y nos deja sabores de mar al sur de la garganta, sabremos la importancia que tenía saberla viva —vuelvo a precisar: VIVA, con mayúsculas, para compensar la falta de otros recursos con que marcar énfasis en Facebook— entre nosotros. Y no la idealicemos, porque eso sería empobrecer su complexión humana.

(Tomado de la página de Facebook de Luis Toledo Sande)

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El amigo que se va

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Juan Carlos Migoya junto a la periodista Eliane Táboas en Playa Girón durante una cobertura periodística en el 2008

La muerte siempre sorprende aún sabiendo que es inevitable. Y más si la lluvia le agrega una mayor nota de tristeza. Así pasó hoy con la despedida definitiva de Juan Carlos Migoya. Se fue el amigo, el profesional, el hijo, el padre. No pudo ganar esta última partida a pesar del duro batallar. Y eso duele, duele mucho.
Duele desde la cercanía de haberlo conocido, de haber compartido tristezas y alegrías, de tender su mano amiga para aconsejar, para llorar, para reír. Sin embargo, se que desde donde quiera que esté será feliz, descansará y también nos brindará su apoyo incondicional para seguir adelante. Sobre todo a su familia, esa que más allá de todas las banderas, lo cuidó, lo amó y lo acompañó siempre y aún lo seguirá haciendo.
Deja la huella en la televisión tras haber captado con su lente momentos memorables en la provincia de Matanzas pero también en Bolivia y Haití como parte de las misiones periodísticas que cubrían las realidades de estos paises como enviados especiales del Sistema Informativo de la Televisión cubana. También estará en los tantos camarógrafos que formó, en los periodistas que guió y en el público que sedujo con sus historias contadas a través del lente.

El amigo se va para descansar, no para abandonarnos.  Y lo hace con pasos seguros hacia otra vida en dónde, sin dudas, también nos estará guiando. Descansa Migo pero hazlo a tu manera, desde la alegría y sencillez, desde la seriedad y la polémica, desde la profesionalidad y la astucia que da el haber vivido, pero sobre todas las cosas desde ese gran corazón que siempre te acompañó y te ayudó siempre a ser una mejor persona.